“Yoyo” (1965) de Pierre Étaix

“Dos veces en mi vida he comprendido lo que era el genio: la primera vez mirando la definición en el diccionario, la segunda, al conocer a Pierre Étaix”. – Jerry Lewis

Hacía mucho, pero mucho mucho, que no quedaba tan impactado con una película. Divertida, ingeniosa, original, creativa, sorprendente, única… una joya que debería estar en todos los libros de historia del cine, así de impactado he quedado. Y si no lo digo reviento, pero es que es muy injusta la invisibilidad a la que se ha sometido la obra de Pierre Étaix y a “Yoyo”, y aunque ya esperaba que me gustara, pues sus referentes son inmejorables, no imaginaba tal despliegue de recursos, tal dominio del cine como arte, tanta creatividad, tanta imaginación, tantas imágenes para el recuerdo, tantos momentos sublimes, tanta sensibilidad, ni tanta capacidad… “Yoyo” es una delicatessen, un regalo para los sentidos.

“Yoyo” es la biografia de un payaso, pero lo que importa no es el que, sino el como, lo verdaderamente deslumbrante del film es la forma en la que se nos cuenta la historia, en una interminable y continua sucesión de gags que sazonan constantemente la película recordando lejanamente a los primeros hermanos Marx, a los Monty Python o a los hermanos Zucker, pero con un estilo totalmente distinto, a medio camino entre Buster Keaton y Jacques Tati, y con un claro regusto a Federico Fellini, e incluso un leve regusto estético al primer Resnais y por el tono a Chaplin. De todas estas referencias la más evidente es la de Jacques Tati, ya que Étaix trabajó para él, que yo sepa como asistente y cartelista (si, esos maravillosos carteles de las películas de Tati están dibujados y diseñados por Étaix), y es que Étaix saca mucho de Tati, ambos dan más importancia a sus personajes y a los gags que a la historia narrada, ambos buscan la sonrisa más que la carcajada, ambos realizan un cine fuertemente esteticista con planos obsesivamente cuidados, dignos de un perfeccionista enfermizo, los dos desprecian la palabra, pero miman la imagen y el sonido, porque ambos saben que el sonido no solo lo forman las palabras, y se aprovechan de semejante sabiduría heredada de Chaplin. También hay diferencias, Étaix es más dinámico, sus gags son más numerosos, y el tono más absurdo y delirante, mezclando gags elaborados y muy originales, con otros más vulgares, lo que genera una sensación extraña, pues nunca puedes prevenir que va a pasar, ya que la película parece un brainstorming filmico grabado a tiempo real, como si entráramos en una mente  inquieta y creativa, con sus ideas geniales y otras más bien chorras. Quizás esta suma constante de gags hace que la película en el tramo final dé sensación de cierto agotamiento, sensación puntual y que no le quita valor a una película que además remonta al final con unas imágenes de gran imaginación.

La película es además un juego de homenajes, el primero al circo, lo que es logico pues el mismo Étaix pasó gran parte de su vida en el circo y su mayor idolo era Charlie Rivers, en esto recuerda mucho al universo Felliniano, que además tiene un homenaje directo en un gag que es un claro guiño al espectador cinefilo. El segundo homenaje es al propio cine, pues a medida que avanza la película se va transformando la forma expresiva usada por Étaix, así la infancia de Yoyo en los años 20 es muda, en ella hay sonidos y música (y de una creatividad alucinante), pero no diálogos  la juventud es para el cine sonoro clásico y la madurez para la televisión… así la película no solo narra la vida de un payaso, también es un homenaje a como el audiovisual se ha ido transformando durante el siglo XX, todo ello con una creatividad formal, estética y expresiva digna de un genio. En cierto aspecto recuerda a “The Artist” y me pregunto si ha podido tener alguna influencia, son diferentes, pero ambas son francesas y un homenaje al cine, con especial cariño hacia el cine silente, al que ambas películas tratan con deferencia y admiración. Pero mientras “The Artist” es una buena película, sin más, con cierta creatividad y originalidad, pero que su principal punto fuerte es el gran numero de homenajes y referencias que nos regala, en definitiva un acto de amor al séptimo arte que será especialmente degustado por aquellos que conozcan el cine clásico norteamericano, “Yoyo” es algo más, no solo es un homenaje a otras películas o a otros “creadores”, aunque es cierto que hay numerosos homenajes, y algunos muy directos, sino que además homenajea su espíritu  su creatividad, su originalidad, cuando veo cine de los años 20 pienso que fue la década más creativa de la historia del cine, y Étaix no solo hace un homenaje a Keaton, a Laurel o a Chaplin, además lo hace siendo tan creativo y original como lo eran ellos, tiene personalidad propia, mucha personalidad propia… y así que mientras “The Artist” nos recuerda la originalidad y el talento de los grandes maestros, “Yoyo” se sitúa a su misma altura, entre las películas más talentosas y originales, un film fascinante, la obra de un genio, de un gran maestro.

Os aconsejo que busquéis “Yoyo” y que la veáis, no solo es una cuestión de justicia (en el sentido más literal, ya que Étaix y Carriere estuvieron 20 años de juicios para poder sacar a la luz otra vez esta joya perdida y casi olvidada), es que además vais a disfrutar con una película muy especial, de esas que te sorprenden y te recuerdan que  quedan muchas maravillas por descubrir.

Raúl Ruiz Serna

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