“La Casa de las Ventanas que Ríen (La casa dalle finestre che ridono)” de Pupi Avati (1976)

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Uno de los directores que me faltaban, uno de los muchos, pero esto del cine es un pozo sin fin, es Pupi Avati. Un amigo me propuso verla y yo me dejé, lo que no sabía es que hacía tiempo que le había echado el ojo a esta misma película y estaba en mi lista de pendientes, junto con otras cientos de películas, pero bueno, estaba ahí.

Pupi Avati es un nombre menor, pero apreciado, dentro del Giallo italiano, así que tenía curiosidad por ver una de sus películas más conocidas, y que presupongo de las mejores (aunque en realidad no siempre coincide que la película más conocida sea la mejor, pero cuando no estás seguro te crees estás cosas). Y “La Casa de las Ventanas que Ríen” ha sido una confirmación de lo que esperaba ver, más o menos. No la pondría a la altura de los grandes, pero tampoco me pareció un película a la que le faltara virtudes, es una película irregular, llena de aciertos y errores, de ideas más o menos acertadas, pero ideas al menos, que juega con el espectador, a veces creando un clima interesante, otras con giros de guión forzados y delirantes. Sorprende que no abuse de la noche, de la oscuridad, las pocas escenas nocturnas están bien resueltas, creando la debida angustia y jugando con el espectador, pero una parte importante de la película transcurre de día, bajo la luz del sol, y además en un pequeño pueblecito campestre, luz y espacios abiertos, justamente lo contrario de lo esperado, por contra crea un micro-universo dentro del pueblo que podríamos definir como lynchiano (aunque el cine de Lynch sea posterior), con personajes caracterizados de forma extraña, rozando lo grotesco, la película tiene un tono extraño de pesadilla, sin que en realidad ocurra nada especial, solo con la caracterización de los personajes secundarios, esos extraños pueblerinos, y ese es quizás el punto fuerte de la película.

¿Se están riendo de mi?

¿Se están riendo de mi?

 

La excusa de la película es que un pintor va a un pequeño pueblecito para restaurar un cuadro de la iglesia dedicado al martirio de jesucristo, pintado originalmente por un pintor sifilítico local atormentado y obsesionado por la muerte que murió/desapareció de forma extraña. Un amigo que también esta en el pueblo le dice que hay algo extraño, y por supuesto muere cuando le va a explicar lo que sabe, por lo que el pintor se pone a investigar mientras que entabla una relación con la joven profesora del pueblo. La estructura narrativa no es muy original, la construcción del drama es algo previsible, como suele ocurrir en el cine de terror (no siempre, por suerte), todos podemos prever que el amigo morirá y que él se liará con la joven (y jamona) profesora. Pero eso no quita que la película tenga un principio prometedor, con unos acertadísimos títulos de crédito iniciales con una voz en off que luego se repetirá durante la película en una misteriosa grabación, y que te mete de lleno en un clima extraño de desasosiego. La ambientación levemente Lynchiana de los habitantes del pintoresco pueblecito hace el resto. Y a pesar de que hay algunas escenas de relleno y en ocasiones tengas la sensación de las situaciones y los espacios se repiten sin necesidad, ralentizando la trama más de lo conveniente.  El talento de Pupi Avati se nota en las escenas en las que parece tener más interés, por ejemplo en la que el protagonista descubre un gran desván en la casa que está viviendo, una escena rutinaria de película de terror filmada con un cuidado y un detalle, por ejemplo con la iluminación, cuando entra en la sala toda oscura y un haz de luz entra por la puerta quedando su figura a contraluz, una entrada que hace presagiar la gran importancia que tendrá el desván en el futuro, así como los cuidados movimientos de cámara mientras el protagonista mira lo que hay en el desván, la cámara parece moverse como si fuese un voyeur escondido, sin pretender ser en ningún momento el plano subjetivo de un personaje escondido, sencillamente el director quiere que sintamos la incertidumbre de un acto clandestino y misterioso. Detalles que contrarrestan  la torpeza narrativa de esas escenas repetitivas e innecesarias, y que sitúan a Pupi Avati un escalón por debajo de los grandes, pero también por encima de la pleyade de cineastas italianos mediocres, por no decir terriblemente malos, que en los 70 llenaron las salas con asesinatos grotescos.

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Sin esas escenas de relleno y sin algunos detalles de torpeza, como la muerte del amigo del protagonista, en la que se nota demasiado que lo que cae del balcón es un muñeco, para eso no nos muestras su muerte, te centras en el cadáver y dejas que los espectadores imaginemos su muerte, hubiera sido más efectivo (y menos efectista). Otro problema grave es el final, y aquí es cuando digo eso de SPOILER (aunque no voy a desvelar el final, voy a hablar de él), es un problema de guión, el desenlace es grotesco y enfermizo, como mandan los cánones, y en ese sentido me pareció que la película funcionaba muy bien, hasta el momento final en que se desvela la identidad de una de las asesinas y…  además de poco verosímil, la escena esta desarrollada de tal forma que más que grotesca parece una chorrada… si haces un final “Scooby Doo”, lo que no me parece mal en una película tramposa y efectista como esta, y como lo era en realidad el Giallo, tan dado al exceso y al delirio, no lo hagas de una forma tan desganada y absurda, te curras un momento “Scooby Doo” de verdad, en la que el personaje demuestra ser un genio del maquillaje y quedas como un director efectista, pero también efectivo, que es lo que cuenta, pero no haces simplemente un cambio de voz que se nota a mil kilómetros que está doblada y muestras una prótesis mal hecha de lo que se supone que es una teta, y te quedas tan pancho, si montas el espectáculo, montalo bien, joder. Por lo demás el desenlace es más que correcto, lo grotesco, enfermizo y delirante del desenlace funciona muy bien (excepto por esa escena que os he detallado) y si aceptas sus defectos, la película te deja un buen sabor de boca, con algunos momentos excelentes y con un aroma enfermizo bastante interesante. Recomendable para los amantes del Giallo y del cine setentero.

Raúl Ruiz Serna.

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“Drug War (Du Zhan)” (2012) de Johnnie To

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Con Johnnie To tengo una relación de amor-odio cinéfilo, por un lado me parece un increíble coreografo de tiroteos, escenas violentas dotadas de un lirismo y una poética en ocasiones asombroso, tanto por sus cualidades técnicas, como por la sensibilidad y detalle con la que están desarrolladas, espectaculares y bellas, sus escenas de acción son mucho más que tiroteos y explosiones, es puro arte, ni Ringo Lam, ni Tsui Hark, ni John Woo, totems de la violencia hongkongniana de los 80-90 llegaron a ese nivel, las pretensiones poéticas en las escenas de acción de John Woo parecen un balbuceo infantil al lado de las elaboradas y casi mágicas escenas de acción del mejor Johnnie To.  Pero entonces, ¿por qué el odio? ¿dónde está el conflicto? Pues porque es un narrador irregular, en ocasiones torpe, con tendencia a las escenas de relleno, con toques de humor que a veces aportan y otras restan, con bajones graves de ritmo, en ocasiones cuesta mantener el interés, la atención o incluso entender detalles de sus películas, y es que Johnnie To es un maestro de la técnica del cine: movimiento de cámara, iluminación, uso de sonido y música, montaje, etc… y saca todo su talento en esas escenas que tanto le interesan, que elabora con un cuidado casi obsesivo, con una excelencia técnica asombrosa que puede hacer palidecer a superproducciones de Hollywood, y con un gusto estético elegante y poético extraordinarios… que contrasta con lo descuidados, irregulares o confusos que son los guiones de sus películas, con el poco esmero que pone en esas escenas de relleno que parecen interesarle tan poco como a nosotros, rodados en ocasiones como si tuviera el piloto automático puesto, o esforzándose en darles una trascendencia visual que no tienen en lo argumental. Así que puedes tanto deslumbrarte o darte de golpes con la pared viendo sus películas, en ocasiones en una misma película.

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Así que cuando te acercas a una película de Johnnie To sabes que hay un riesgo, o mejor dicho, una seguridad, va a tener puntos dignos de una obra maestra y otros de desastre fílmico, eso ocurre en todas sus películas, lo que sucede es que en algunas la genialidad está más presente y en otras su torpeza narrativa. ¿En que punto situamos “Drug War”?

Pues me cuesta cualificarla o puntuarla, es de esas películas que depende el día que las veas, que lo que propone sea lo que te apetezca ese día o no, que te guste o no. Para empezar no me parece la película con escenas de acción más espectaculares de la carrera de Johnnie To, los tiroteos están dosificados y tienen mayor realismo del habitual, justo de ahí viene su interés, los tiroteos duelen, no tienen la belleza impactante que se encuentra en otras de sus películas, pero la escena de tiroteo final tiene fuerza, es poderosa, dura, tremenda… no tiene esa belleza operística que podría esperarse, pero la calidad de Johnnie To como coreografo de escenas de acción es evidente y puede sorprender por su aparente realismo y su crudeza.

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Narrativamente tiene una cualidad que no siempre se da en el cine de Johnnie To: mantiene el interés de principio a fin. Empieza de golpe, sin presentación de personajes, sin explicar motivaciones, personalidad, nada, directamente al grano, una detención y los policías que quieren aprovechar esta detención para atrapar a peces gordos, una gran operación contra la droga. El problema es que no conocemos a los personajes, y en ocasiones podemos perdernos entre escenas que no siempre tenemos claros que objetivo tienen, en otras palabras, el espectador no es llevado por la mano, como es normal en el cine norteamericano, sino que observa toda la operación policial siguiendo los movimientos del delincuente que ha sido atrapado al principio y que colabora con la policía, sin saber apenas nada de él ni de sus motivaciones, el espectador se convierte en un voyeur que no recibe más información que lo que ve y escucha. A pesar de que en ocasiones estemos algo perdidos la película se mantiene bien gracias a que siempre mantiene una sensación de tensión, de intriga, de que algo puede ocurrir en cualquier momento, una tensión increscendo que parece que puede explotar en cualquier momento, ese es el gran acierto de la película (junto con el tiroteo final, claro).

drug warEn conjunto nos queda una de las mejores películas de Johnnie To, no es la más espectacular, y tiene sus defectos narrativos, pero tiene una dosis de tensión muy bien conseguida que mantiene el interés durante todo el metraje. Tiene además cierto sentido de realismo, a pesar de que realmente sea una alambicada partida de ajedrez, todo parece desarrollarse con aparente normalidad, sin caer en demasiados tópicos, tiene algo imprevisible, que puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento, que hace que sobresalga por encima de la media. En su contra podría decir que no impacta tanto como otras películas de Johnnie To, que sus escenas de acción no tienen la poesía acostumbrada (aunque ese realismo crudo también es muy interesante), que en ocasiones te puedes perder un poco y que es imposible empatizar con los personajes. Con todo la sensación es que has visto una película que ha satisfecho tus expectativas, interesante, que te ha mantenido en vilo en todo momento, que está bien filmada y en la que se nota que Johnnie To quería hacer un trabajo más sombrío y equilibrado, sin rellenos innecesarios, con ganas de ir directo al grano y centrado exclusivamente con lo que realmente le interesa, interesando también al espectador. No es una obra maestra, no cambiará la historia del cine, ni tan solo del policíaco, ni del thriller, pero deja un buen regusto, a cine rodado con buen pulso, como esas películas que antaño se sacaban de la manga los grandes artesanos del cine negro de serie B, aunque con unos medios de serie A actual. En resumen, aquellos que conozcan el cine de Johnnie To disfrutaran con una de sus películas más redondas, los que disfruten con el policíaco o los thrillers tendrán una buena experiencia y el resto verán una película bien realizada, que no cambiará sus vidas, pero que los entretendrán un rato con un producto de mayor calidad que el del thriller comercial común.

Raúl Ruiz Serna

“Falsa Personalidad (Laughter)” de Harry d’Abbadie d’Arrast (1930)

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Llevaba tiempo con ganas de ver algo de d’Arrast, director del que me habían llegado referencias al seguir las carreras de Edgar Neville y de Ernst Lubitsch, en las que el nombre de d’Arrast es una especie de fantasma misterioso y recurrente, punto medio entre Neville y Lubitsch, de vida fascinante: de origen Vasco-Francés, proveniente de la nobleza, participó en la I Guerra Mundial, vivió el París bohemio de entreguerras, y durante la segunda mitad de los años 20 se trasladó a Hollywood, donde hizo gran amistad con Chaplin, con el que colaboró en “Una Mujer de París” y en “La Quimera del Oro”, posteriormente trabajaría para la Paramount, reino del príncipe Ernst Lubitsch. Aunque su carrera es corta, por si fuera poco algunas de ellas se han perdido y las que no, se han olvidado.  Hoy apenas es recordado por ser amigo de algunos genios y porque estos le tenían bastante aprecio, a pesar de que nunca llegó a tener éxito como director de cine era respetado e incluso admirado por sus amigos, que no iban precisamente faltos de talento.

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De las pocas películas de su carrera que han sobrevivido quizás sea “Laughter” (1930) la más popular, o la menos desconocida, o la única que es como mínimo escasamente conocida… vamos, que al menos existe la posibilidad de verla, si es que conoces su existencia y si haces el esfuerzo de encontrarla. Se trata una “proto-screwball comedy pre-code con toques melodramáticos”, casi ná…  para que nos entendamos se trata de una comedia elegante en la que los triángulos amorosos y la guerra se sexos se mezclan en un marco elegante, pero sin la velocidad de diálogo que se encontrarán en las futuras screwball comedies. Con la salvedad de que es anterior a que las grandes productoras siguieran el código Hays, con lo cual la película se permite ciertas libertades morales que luego estarían censuradas. Y con un cierto toque melodramático en el tercio final de la película que es la parte que menos funciona la película.

El argumento cuenta la historia de una chica casada con un millonario mucho mayor que ella, cuando el gran amor de ella vuelve de París, un extrovertido músico que vive sin lujos. Al mismo tiempo la hija del millonario, que casi tiene la misma edad que su madrastra, tiene un lío con otro amigo bohemio de su pasado.

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La dirección de d’Arrast es notable, juega con el sonido (por ejemplo el músico es reconocido por la protagonista cuando le oye tocar el piano), con la iluminación (por ejemplo el millonario se dedica a apagar luces, el músico a encender luces), los actores están excelentes, Nancy Carroll con su encanto habitual, muy locos años 20, pizpireta, encantadora y “moderna”, Fredic March con un personaje que recuerda al que luego interpretaría para Lubitsch en “Una Mujer para Dos”, aunque aun más alocado e imprevisible, y Frank Morgan borda su personaje, algo tópico quizás, pero su interpretación es como poco notable. Los diálogos no tienen el sentido del ritmo de las futuras screwball comedies, eso es cierto, pero están muy bien construidos, con ocurrentes, repletos de ingenio, de juegos de palabras y dobles sentidos. La película es en ese sentido funciona como interesante eslabón perdido entre la comedia muda elegante que ya realizaba Lubitsch, y las screwballs comedies alocadas. Su estructura es muy típica de la screwball comedy, una mujer que debe elegir entre la vida elegante llena de lujos y seguridad o la vida bohemia fascinante y llena de pasión, pero miserable. Muy al estilo de la comentada “Una Mujer para Dos” de Lubitsch o “La Vida en un Hilo” de Edgar Neville. También muchas de las screwball comedies jugaran con esta dualidad, con ese mensaje implícito de “el dinero no da la felicidad”, que será leimotiv de muchas películas de los años 30, quizás por la gran depresión económica, y en la que “Laughter” cae de cabeza, con cierto simplismo y previsibilidad, pero con un desarrollo y desenlace en los que se nota que no se aplicaba todavía el código Hays, algo que produce cierto placer travieso entre los que amamos el cine clásico, pero conocemos bien las limitaciones, sobretodo en cuestiones relacionadas con el matrimonio y la “virginidad”, puritanismo que dominará el cine norteamericano durante décadas, y sorprende ver que las películas de principios de los 30 eran mucho más liberales, con una imagen de la mujer más moderna, independientes y liberadas, con  una visión más comprensible frente al divorcio, al hedonismo,… y en este sentido “Laughter” es además un interesante documento sociológico, por ejemplo en la relación entre madrastra y ahijada, las dos fuman juntas, se ponen a bailar al son del piano (foxtrot o algo así, no sé reconocer la diferencia entre los diferentes bailes de la época, pero es un baile lo suficientemente alocado como para comprender que era lo más salvaje del momento), o en que la casada no tiene problemas en ver a sus amigos sin que esté su marido (a pesar de sus celos), etc… “laughter” es un gran ejemplo de esa época en la que aun estaban presentes esa forma de vivir propia de “los felices años 20” y que aun no habían caído en el puritanismo norteamericano que dominó el país desde mediados de los 30 hasta la liberación sexual de los 60.

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“Laughter” no es una película redonda, se notan las costuras de un cine demasiado joven y que técnicamente aun es torpe, algo muy evidente en las primeras películas sonoras, con esos fundidos en negros que cierran casi todas las secuencias y que poco ayudan a dar agilidad narrativa. Tampoco ayuda el melodrama de la parte final, que parece forzado e innecesario y que no conecta nada con la comedia un tanto loca que domina la película. A pesar de ello es una gran película, quizás no una obra maestra, pero está repleta de ideas, grandes actuaciones, diálogos ingeniosos, absurdos y encantadores, y un mensaje que a pesar de su simplismo estamos totalmente a favor de él. Quizás no llegue al nivel de Lubitsch, pero se sitúa muy por encima de la media y sus cualidades están para quien quiera encontrarlas. Además es una película muy cortita y que casi te deja con sabor de querer más, más escenas locas entre Nancy Carroll y Fredric March.

Cuenta la leyenda… bueno, lo contaba Edgar Neville, que él y d’Arrast estuvieron trabajando en un guión para que el propio d’Arrast lo dirigiera siendo producido por Ernst Lubitsch… el proyecto se quedó en nada y justo entonces Edgar Neville dejó Hollywood para volver a España. Después de ver “Laughter” y comprobar la cercanía de d’Arrast con esos dos genios, tanto en tono como en mensaje, se me hace la boca agua y me pone muy triste pensar que hubiera podido salir de esa colaboración. Eso es un sueño imposible, pero no disfrutar de “Laughter”, solo hay que buscarla.

Raúl Ruiz Serna.

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“Gravity” (2013) de Alfonso Cuarón

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El estreno de “Gravity” ha parecido generar una locura entre cinéfilos, he leído que es la nueva “2001, Una Odisea en el Espacio” o la nueva “Solaris”, he leído a críticos y amigos a los que aprecio mucho defender con ahínco la fuerza dramática, como si fuese una película perseguida o que se enfrenta a huestes de cinéfilos furiosos dispuestos a destrozarla porque no son capaces de disfrutar de sus maravillosas cualidades, y no lo entiendo, porque las opiniones negativas son minoritarias y tibias, cualquier crítica que se la haga es con la boca pequeña y con la coletilla de “pero técnicamente es impresionante”, y yo no voy a ser distinto.

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He ido al cine convencido, esperando con interés una película visualmente deslumbrante, y eso es lo que me han dado… el trabajo del tandem Alfonso Cuarón (director) y Emmanuel Lubezki (director de fotografía) ya fue asombroso en “Children of Men (Hijos de los Hombres)”, con dos escenas antológicas: 1- la escena del tiroteo en el coche en la que muere el personaje de Julianne Moore y 2- la escena en la que Clive Owen busca a la chica con el bebé en plena zona de guerra. Ambas escenas resueltas con planos secuencias espectaculares de una complejidad técnica que aun hoy me quitan el aliento, me sorprenden y me hacen babear. Y en “Gravity”, contando además de los retoques por ordenador, la libertad de la cámara es impactante, pocas películas han movido de una forma tan rica, sorprendente y majestuosa una cámara de cine, la recreación de los fondos espaciales ayudan a potenciar el despiporre visual con unas imágenes tan bellas como espectaculares, no hay duda del talento visual de Cuarón y de la habilidad técnica de Lubezki, capaces de crear una imágenes inolvidables con un trabajo de cámara que solo se puede definir como apoteosico. A pesar de ello sigo sin creer en el 3D, en ocasiones “Gravity” hace un uso muy interesante del 3D, sobretodo en como crea una extraña perspectiva entre los astronautas y el hermoso fondo que forma la tierra, pero luego hace un uso gratuito y excesivo de exhibicionismo 3D, cayendo en varias ocasiones en la obviedad más chusca y vulgar, con objetos que van a cámara y tonterías por el estilo. Aun así se agradece ver una película realizada de verdad pensando en el 3D, aunque en ocasiones se haga un uso pobre, al menos se hace un uso, hay en películas en las que te sientes estafado con el invento del 3D y por suerte no es el caso.

Churri, no me negarás que esto no es bonico ni ná.

Churri, no me negarás que esto no es bonico ni ná.

El problema radica en lo dramático, para empezar George Clooney hace de George Clooney, para que molestarse en crear un personaje, que haga de si mismo versión “super-astronauta”, así tenemos sus constantes chistes de seductor simpático, y a su favor hay que decir que aun con el traje de astronauta y el casco les salen perfectos, tiene encanto incluso sin que lo veamos… aunque no recuerdo que “2001” o “Solaris” (la original, claro) utilizaran el truco del humor para que no haya riesgo de aburrir al espectador, y ese es el problema de la película, la poca confianza en que el espectador vaya a disfrutarla solo con el drama de supervivencia, así que lo embellecen con ingredientes que podríamos llamar “Hollywoodienses”, como por ejemplo tener a George Clooney haciendo de George Clooney. Pero la lista va en aumento: un drama personal de la protagonista que la atormenta (en este caso su experiencia como madre), símbolos metafóricos de baratillo: “souvenirs” religiosos de cada cultura, para que quede clara la grandeza del argumento… posiciones fetales (no hay imagen menos original que poner a una persona que necesita renacer en una posición fetal… si lo haces disimulalo, hombre, que si no queda muy obvio… y vulgar), sueños reveladores que parecen reales, una patosa reconvertida en super-heroína que sobrevive a todo milagrosamente (curiosamente la única no astronauta del viaje espacial… y la única superviviente… lógico, ¿no? Es como si hay un naufragio y la única que sobrevive es la que no sabe nadar, pues eso…). Puedo sorportar el drama de la madre atormentada, aunque me parezca gratuito e inncesario, no emociona, primero por tópico y segundo porque solo oímos el drama, y no es que Sandra Bullock lo haga mal, es que no es lo mismo que nos expliquen un drama a que lo veamos y lo sintamos, y aquí solo lo escuchamos, y no me vale el argumento de “hay que ser padre para entenderlo”, porque hay películas que van de ese mismo tema y me emocionan, y hay películas de temas que no me importan un carajo, pero la película me pone la piel de gallina, por ejemplo “Ordet” de Dreyer, no soy nada religioso pero la primera vez que la vi, siendo aun un cinéfilo inexperto que no sabía muy bien quien era ese tal Dreyer, ni su importancia histórica, me quedé impactado, me pareció sublime, y no encuentro nada sublime en el drama de la mama Bullock, sino que un refrito de un plato recalentado en cientos de películas mediocres de dramas fáciles. Aun así el drama no me parece un tema grave, como si puede serlo el tema de los símbolos y metáforas, pero aun así soy capaz de perdonar ese “defectillo” (aunque con solo lo mencionado la película ya queda muy por debajo de “2001” y “Solaris”, la verdad). El gran problema es la jodida inverosimilitud del tramo final, potenciada con una música “épico-new age” bastante cargante (y eso me molesta especialmente, porque hasta entonces el uso de sonido, tanto ruidos como música, me había parecido muy interesante), que Clooney salvé al personaje de Sandra Bullock es poco verosímil, pero dentro del universo del film puede colar, ya que Clooney se nos presenta como el Astronauta “super-crack”, si hay un personaje del que podemos esperar proezas espaciales ese es él, así que aceptamos barco… pero cuando Sandra Bullock parece poseída por Clooney “super-astronauta Kowalsky”, McGyver, 007 y Obi Wan Kenobi, y pasa sin comerlo ni beberlo de ser una torpe, que no tiene ni idea de como funciona un transbordador espacial, que siempre mete la pata (en las pruebas, o eso nos cuenta) y además se sabe una inútil (como astronauta), y de golpe no solo es capaz de sobrevivir sola, hacer funcionar un transbordador sin energía, saltar de un transbordador a otro con alegría y, cágate lorito, utilizar un transbordador EN CHINO (cuando al principio no sabía utilizar ni el que estaba en inglés), le da al botón correcto en el momento correcto y… lo siento, pero es delirante, y lo peor, totalmente innecesario, pero te tienen que contar la historia americana de siempre de auto-superación, de una chica con la que todos podamos sentirnos identificados, que finalmente es capaz de sobrevivir a cualquier desastre, aleluya, hermanos, aleluya. Y ese tópico lo vemos en tantas, tantas, tantas películas… me niego a considerar como obra maestra a una película que usa de forma tan descarada, poco afortunada y torpe un tópico tan inverosímil e innecesario. Podría aceptarlo si el personaje que se salva es de George Clooney, pero no, tienen que contarte el cansino cuento de la americana media que se convierte en princesa (en este caso una super-astronauta) en cuestión de segundos. Pues yo creo que la misma historia sin truquitos, sin dramas impostados (o impostados de mejor manera, introducidos de otra manera que no sea un monologo facilón… ya sea con flashbacks o incluso usando la voz en off, si no quieres mostrar la tierra, porque quieres que todo transcurra en el espacio, incluye diálogos en off del pasado, del drama, o intenta algo más creativo que no soltar un monologo chorra sobre el dolor de una madre atormentada). Sin personas normales reconvertidas en super-heroínas. Centrándose en un hombre super-preparado y de gran habilidad tiene que dar lo mejor de sí para triunfar, aun así dependerá de la suerte, aun así será un milagro que sobreviva,  y sufre la presión, la tensión,… seguiría siendo inverosímil que alguien pueda sobrevivir a eso, pero en la realidad de la película si alguien puede hacerlo es él, así que en esa realidad es algo improbable, pero posible, o sea verosímil… ¿es que la agotadora y terrible lucha de un hombre bien preparado no es suficiente para tener atrapado al espectador durante hora y media? Yo creo que si, lamentablemente los guionistas no, así que lo que podría haber sido una obra maestra de esas que te hacen sentir afortunado de haberla visto de estreno, de poderselo contar a tus nietos: “yo ví Ciudadano Kane de estreno”,… pues no podré decirles eso de “Gravity”, una película que tiene ingredientes de película memorable, pero que se queda en una película interesante, de una habilidad técnica y belleza visual brutales, pero de un desarrollo narrativo y dramático muy por debajo de ese talento (y de ese esfuerzo, si hubieran sido tan valientes, si hubieran realizado el mismo esfuerzo, en lo narrativo/dramático como en lo formal…  ufff, entonces si que sería una verdadera obra maestra).

Ayvá Patxi, la que se ha liao... ya te decía que no saliéramos de Bilbao.

Ayvá Patxi, la que se ha liao… ya te decía yo que no saliéramos de Bilbao.

Merece la pena verla, pero no es una obra maestra equiparable a “2001, Una Odisea en el Espacio”, ni a “Solaris”, ambas tan ambiciosas en lo formal y técnico como en lo narrativo y dramático, valientes, audaces, revolucionarias… “Gravity” es una americanada más, eso sí, empaquetada como pocas, un prodigio técnico… lastima que solo sea eso.

Raúl Ruiz Serna.

BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO (The World’s End)” Edgar Wright (2013)

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Lo admito, soy fan del duo creativo británico formado por Edgar Wright y Simon Pegg (y Nick Frost como tercer mosquetero), con sus inolvidables friki películas. Primero “Spaced“, esa delirante, pero a su extraña forma tierna, serie de TV a mayor gloria de la cultura friki-pop y los inmaduros que se niegan a crecer. Su primer largometraje conjunto “Zombies Party (Shaun of the Dead)” les situo en el olimpo de las parodias friki-cinéfilas y de la comedia zombi, con una refrescante mezcla de humor absurdo y humor “british”. En “Arma Fatal (Hot Fuzz)” repetían formula, pero en vez de zombis se parodiaban las buddy movies (Arma Letal, Dos Policías Rebeldes…) y el cine de acción (“Le Llaman Bodhi” sobretodo), así como la saga Scream y las películas de sectas secretas, y por si fuera eso poco manteniendo ese humor 100% británico. Después se dieron un descanso, el duo Pegg/Frost realizaron la decepcionante (pero no del todo desastrosa) “Paul” y Edgar Wright la interesante, original y un tanto chorra “Scott Pilgrim contra el mundo“, que más que una película parecía una mezcla entre un vídeo-juego y un vídeo-clip indie super-cool. Así que los esperaba con ganas… y ese ha sido el problema.

“Bienvenidos al Fin del Mundo” te da exactamente lo que esperas del tandem Wright/Pegg, y el problema reside en el “exactamente”, pues tiene todos los elementos que se esperan en sus películas: Pubs, pintas, diálogos absurdos, referencias y guiños a otras películas, mucha música pop de la mejor, el mismo tipo de montaje, giros de guión muy forzados, síndrome de Peter Pan, juego genérico cinematográfico,… los que no hayan visto nada del dúo puede sorprenderles la frescura, el descaro y la originalidad de la propuesta, sobretodo si comparamos con el lamentable nivel de casi la totalidad de las parodias cinematográficas, que suelen ser entre lamentables y patéticas, y es que Wright/Pegg nos regalan unas parodias divertidas, frescas y repletas de ingenio, puro entretenimiento que no insulta la inteligencia del espectador. Pero los que hemos seguido su carrera veremos en “Bienvenidos al Fin del Mundo” una película menor, menos interesante y peor resuelta que “Zombies Party” (lo que es comprensible, pues en su estilo es una obra maestra) y “Arma Fatal (Hot Fuzz)” (que es irregular, pero que funciona muy bien), con personajes menos carismáticos, a pesar que el personaje de Simon Pegg tenga su gracia, no generan la empatia que si se siente en sus otras películas. Es además menos espectacular y resultona. En definitiva sale perdiendo en todas las comparativas. Y el final tiene su gracia, pero parece un poco en plan “venga chicos, hay que acabarla ya… ¿a alguien se le ocurre algo para acabarla rápidito y que quede guay?”

¿Pero es un desastre? No, ni mucho menos. Tiene una excelente banda sonora, suenan numerosas bandas de finales de los 80 y sobretodo de los 90, de memoria puedo citar a The Soup Dragons, Suede, Primal Scream (su canción “Loaded” tiene bastante peso en el protagonista y por extensión en la película), Happy Mondays, James, Teenage FanClub, The Housemartins, The Sisters of Mercy… y The Doors… aunque estos sean de otra década… y me dejo alguno más. Los chistes son más previsibles, porque ya conoces el tipo de humor, pero mantienen su gracia, esa mezcla de humor absurdo, costumbrismo inglés al estilo “Ealing” y tono friki-gamberrete lo sigue situando muy por encima de la media, sigue habiendo homenajes a películas, como “La Invasión de los Ultracuerpos” y otras similares,  así como a otros elementos de la cultura pop, también es endiabladamente divertida, con sus escenitas de acción, en las que Wright continua demostrando que es un director hábil. Tiene algunos momentos dramáticos de cierto calado, sobretodo en sus observaciones sobre la madurez, sobre la nostalgia, de como el pasado nos impide madurar, o de como al madurar nuestra vida se vuelve anodina, todos reciben lo suyo, y lleva a algunas observaciones que son lo más interesante de la película. Además sigue siendo una película perfecta para ver en el festival de Sitges y disfrutar de su ambiente festivo (el del festival y el de la película).

Así que la considero satisfactoria. Pero una de dos, o hacen películas más redondas e inspiradas, o tendrán que renovarse un poco, sino corren riesgo de caer en las arenas movedizas de la cansina comodidad creativa. Pero mientras: disfrutemos del espectáculo, que se acerca el fin del mundo.

 

P.D.: En “Arma Fatal (Hot Fuzz)” aparecía Timothy Dalton, en esta aparece Pierce Brosnan… ¿en la siguiente Sean Connery? ¿Roger Moore?

 

Raúl Ruiz Serna

http://cursoscine.wordpress.com/

“Adiós, Muchachos (Au revoir les enfants)” de Louis Malle (1987)

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Sinopsis: Invierno de 1943. Durante la ocupación alemana de Francia, en un internado católico para chicos, Julián, un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Bonnet, un nuevo compañero que ingresa en el colegio después de iniciado el curso. (FILMAFFINITY)

Louis Malle no es el director más popular de los que formaron la Nouvelle Vague, quizás porque realmente no participó en ella, iba por libre y hacía lo que le daba la gana, lo que le hace más fiel al espíritu de la Nouvelle Vague que algunos miembros reconocidos (como Chabrol o Rohmer, por citar dos). Siempre me han gustado las películas de Louis Malle, tienen algo fresco, sin ser experimental, sus películas tienen algo especial, no son “lo de siempre”, aunque algunas puedan parecerlo, tengo la sensación de que fue además un director muy fiel a sus instintos, y que mira a sus personajes a los ojos, no se sitúa por debajo para mitificarlos, ni por encima para juzgarlos, y por lo tanto nosotros como espectadores tampoco… lo que le generó criticas y polémicas en su momento.

La verdad es que “Adiós, Muchachos” es una de las películas más tradicionales y previsibles de su filmografía, el tema de la persecución de los nazis a los judíos  ha sido tratado en numerosas ocasiones y a priori no hay nada novedoso en ésta visión… su clasicismo visual, con su gris fotografía de colores apagados, no hace sino más que aumentar esta sensación. Lo más sorprendente de todo es que la película es muy satisfactoria y que roza la condición de obra maestra. ¿Cómo es posible si escribo que es una película previsible al mismo tiempo decir que se trata de casi una obra maestra? Pues porque la película esta construida con un detallismo, un naturalismo y una sensibilidad desarmantes y nada frecuentes. Sorprende el que humaniza a los nazis que, con alguna excepción, son mostrados como personas, a diferencia de las milicias colaboracionistas que son en todo momento mostradas como un brazo armado más inhumano y cruel que los propios nazis (con la excepción del agente de la Gestapo). Pero en realidad tanto nazis como colaboracionistas tienen un peso pequeño, quizás importante para el desarrollo y desenlace de la trama, pero como personajes apenas son bosquejos, a diferencia de los verdaderos protagonistas:  los niños. La película comienza con naturalidad, con el día a día de unos niños de buena familia en un internado católico durante la segunda guerra mundial, la guerra apenas se nota en algunas pequeñas penalidades: poca comida, falta de calefacción, mercado negro de productos que traen los padres… pero poco a poco se va haciendo más presente la tensión, entrando como si fuera un lento pero continuo goteo en la cotidianidad de los protagonistas, y eso es lo que sorprende, la película que podría tensar más la cuerda con escenas más dramáticas opta por centrarse en lo cotidiano, en el día a día, en las clases, en las peleas, en los juegos, en las visitas familiares… pero sobretodo en la amistad, con todas sus complejidades. Podría parecer que ese desaprovechamiento sea un error, ya que muchas de las escenas no tienen mucho que ver con el argumento principal, no directamente, pero esa es justamente la grandeza de la película, lo que hace que no sea una más, porque ese tiempo no dedicado a dramatismos comerciales lo aprovecha para construir unos personajes con minuciosidad artesanal, con delicadeza y  sumo cuidado, además esa ausencia de trucos dramáticos es la que posibilita que el final tenga tanta fuerza a pesar de su gran sencillez. Louis Malle explica que fue una experiencia que le marcó toda vida y que siempre le acompañará su recuerdo, y me lo creo, porque la película consigue transmitirlo y además logra quedarse en nuestro recuerdo, porque una historia explicada con tanto mimo, con tanto cuidado, con tanta emoción contenida y con tanta sensibilidad es imposible de olvidar.

Raúl Ruiz Serna

“Animal Kingdom” (2010) de David Michôd

Primer largometraje de una de las promesas del cine australiano: David Michôd y lo mejor que se puede decir de ella es que en ningún momento tienes la sensación de que sea la  película de un “novato”, ya que tiene unos mimbres tan firmes como  personales, es como si un jugador se jugara todo el dinero a un numero, con  confianza temeraria, en ese sentido David Michôd apuesta por una forma de realizar un thriller alejado de las convenciones comerciales, sin que le tiemble el pulso en ningún momento, sin caer en momentos de debilidad, sin usar trucos de guión o giros gratuitos para atrapar al espectador, esos trucos que usan casi todos los thrillers y que consiguen justamente lo contrario de lo pretendido, ya que hoy por hoy lo sorprendente es que veamos un thriller que no pretenda sorprendernos con un final retorcido, un guiño al espectador en plan “no esperabais un final tan ingenioso, ¿verdad?”, por el contrario “Animal Kingdom” sorprende justamente porque tiene un final seco y áspero que da sentido a toda la película.

¿De qué va? De un chico cuya madre murió de sobredosis, así que se va  con la abuela y sus tíos,  la familia de la que huyó  su madre, delincuentes que viven atravesando los margenes de la legalidad y que tienen algo inquietante.  Y esa es una de las principales cualidades de la película, es sumamente inquietante, a  pesar de que en realidad es una película tranquila, de ritmo pausado, en la que parece no pasar nada a pesar de que pasan muchas cosas. El uso de la cámara, que se mueve con gran frecuencia a cámara lenta, y una banda sonora muy acertada dotan a las imágenes y al tono de la película de un efecto de extraña inquietud, las imágenes son bellas pero parece esconderse la maldad y la tragedia. Es cierto que este continuo uso de cámara lenta y una música tan tensa le da un toque pretencioso al film, sensación que quizás sea su principal escoyo, ya que nos encontramos con una película que podríamos encuadrar por su estilo dentro del cine indie, su triunfo en Sundance parece confirmarlo, aunque bastante por encima de la media,  quizás no tan arriba como el director pretende, ya que es como si no llegara a la altura deseada, aun a  pesar de ello logra destacarse, resultando una película como poco interesante y fascinante, una radiografía de la violencia en nuestra sociedad y de lo viciosas que  pueden ser las relaciones familiares, con sus códigos internos y esa mezcla de amor/odio que tenemos con los que nos son más cercanos. Tengo la sensación de que para valorar la película en su justa medida hará falta del paso del tiempo, ver más películas del director, volver a ver “Animal Kingdom” en el futuro, digerirla bien digerida… solo entonces podré tener una opinión concreta de su verdadero valor, porque me ha parecido una muy buena película, pero tengo la sensación de que necesita reposo, como también lo necesitó “Taxi Driver” la primera vez que la vi, y no es que crea que “Animal Kingdom” sea tan buena como “Taxi Driver”, ni que se le parezca, como mínimo le falta carisma,  pero estoy seguro que Michôd es un gran admirador de la película, porque comparten algo en común, que ese tono extraño inquietante angustioso de violencia contenida siempre cerca de explotar es mucho más importante que el argumento en si, y es que ambas son thrillers violentos pero sobretodo son dramas psicológicos.

Raúl Ruiz Serna.